Pinturas que guían a pintores

La colectiva "Faro espiritual" empareja en Espacio Líquido la obra de tres artistas asturianos y varios de sus referentes // La exposición une a Galano con  Luis Fernández; Paco Fernández, con Francisco Casariego y Juan Uslé, y Chechu Álava con Goya y Piñole.

Jueves16 de enero de 2014
Juan Carlos Gea

Juan Carlos Gea

@jcgeamartin

Todo artista genuino navega en aguas abiertas, aguas peligrosas. La metáfora es antigua. Como lo es la que la complementa: todo artista, incluso el más audaz y solitario, tiene sus faros; luces a menudo casi inadvertidas que ni siquiera tienen por qué señalar un rumbo preciso, pero que infunden con su presencia, cercana o remota, la certeza de que existen referencias estables, lugares donde otros han conseguido erigir su propia luminaria. En este símil se asienta Faro espiritual, una exposición singularmente bella que emparenta en la galería gijonesa Espacio Líquido la obra de tres artistas asturianos contemporáneos -Miguel Galano, Paco Fernández y Chechu Álava- con algunos de sus "faros tutelares" -Luis Fernández; Casariego y Uslé: Goya y Piñole, respectivamente- , según la expresión de Juan Manuel Bonet en la que se han basado las comisarias de la muestra, Nuria Fernández y Natalia García.

En la sala interior de la galería, su espacio más recoleto, Galano sitúa un panorama de minúsculas marinas grisazuladas, puro clima, y dos dibujos de escueta línea con unas cuantas embarcaciones ante dos obras de Luis Fernández: un óleo con una portentosa marina perteneciente a la Fundación Azcona y el dibujo de una calavera, cedida por un coleccionista particular. El pintor tapiego admite que sus faros "podrían haber sido otros", pero que escogió finalmente a Fernández "por ser de aquí y a la vez tener una universalidad absoluta" y, sobre todo, por su actitud ante la pintura.

luz apabullante

"Es un pintor muy humilde. Pienso en cómo tuvo una admirable posición ante la pintura, la vivió secretamente, sin aspavientos, y cómo presiste. Hay en él una capacidad de esfuerzo, de insistencia, que le permite conseguir esa cosa tan intensa con casi nada, con el esfuerzo mínimo", explica Galano, que encuentra una particular ejemplaridad en esa actitud en tiempos como los actuales "excesivos en tantas cosas". Para él, la marina de Fernández es, a pesar de su reducido formato, "un faro de luz apabullante, en voz baja, que alcanza su intensidad en el susurro".

Otra marina, esta vez de Francisco Casariego, y unas abstracciones de Juan Uslé, cedidas para la ocasión por Sidercal Minerales, están en el horizonte de Paco Fernández, para quien el descubrimiento del primero de esos dos artistas en un catálogo prendió la almenara que le puso en marcha como pintor. El pintor de San Juan de la Arena orienta hacia esas referencias una serie de abstracciones en las que brilla su destreza para construir atmósferas y vibraciones intangibles a partir de colores vivos y ácidos, y una sorprendente serie figurativa de paisajes de tema costero con pequeñas figuras que pueden cambiar de posición en ellos.

La más joven de los tres artistas, Chechu Álava (Piedras Blancas, 1973)  fija dos posiciones en su mapa de afinidades esprituales. El primero, un grabado de los Caprichos de Goya ("Le descañona"), en el que un barbero "despluma" a un incauto cliente mientras lo afeita, encuentra su eco en un delicioso dibujo de la asturiana, con la misma anécdota; el segundo, Nicanor Piñole, maestro del retrato, género predilecto de la pintora. Un autorretrato a lápiz y el boceto de un retrato de dama, pertenecientes ambos a colecciones privadas, se emparejan con un autorretrato y otro retrato de la joven pintora de los que brota su capacidad para destilar una equívoca inocencia.